En la XXXIX Sesión Extraordinaria del CPN, Toma protesta Claudia Ruiz Massieu, como Secretaria General del CEN del PRI

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Por:María A. R.

Ciudad de México, 9 de Mayo 2017.- Mensaje de la Maestra. Claudia Ruiz Massieu, Secretaria General del CEN del PRI, en la XXXIX Sesión Extraordinaria del CPN, realizada en el Auditorio Plutarco Elías Calles de la sede nacional de este instituto político, el martes 9 de mayo de 2017.

Muy buenas tardes.

Dr. Enrique Ochoa Reza, Presidente del Partido Revolucionario Institucional; lo saludo con mi afecto y mi agradecimiento.

A la señora y señores líderes de los Sectores, Organizaciones y Organismos de nuestro Partido, igualmente les expreso mi mayor reconocimiento y agradecimiento.

Saludo de igual manera a las señoras y señores presidentes de los Comités Directivos Estatales de nuestro Partido.

Saludo muy especialmente –en la persona del licenciado Héctor Astudillo Flores, gobernador del estado de Guerrero– a los señores gobernadores que hoy nos acompañan.

Senador Emilio Gamboa Patrón, Coordinador del Grupo Parlamentario del PRI en el Senado de la República.

Señora y señores ex Presidentes de nuestro Partido.

Compañeros Senadores, compañeros Diputados.

Amigos y compañeros del Comité Ejecutivo Nacional del PRI.

Quiero también saludar desde aquí y brindar mi amistad a la diputada Carolina Monroy del Mazo.

Compañeras y compañeros:

Agradezco en primer lugar a los miembros del Consejo Político Nacional, que hoy me distinguen con su confianza y me ratifican para servir como Secretaria General de nuestro Partido.

A nuestro presidente, el Dr. Enrique Ochoa Reza: hoy le refrendo mi acompañamiento decidido, mi respaldo permanente y mi lealtad institucional.

Gracias nuevamente a todos ustedes, compañeros y compañeras militantes, su apoyo me honra, me emociona, y me infunde fortaleza para que juntos, encaremos los desafíos.

Esta responsabilidad me compromete en muchos niveles. En el plano personal: me obliga, me significa y me inspira porque hace 23 años, nuestro dirigente, ideólogo y compañero: mi padre José Francisco Ruiz Massieu, ocupó esta misma encomienda.

Su forma de entender la política, como servicio que sólo tiene sentido si mejora la vida de la gente. Su convicción de que la congruencia y la lealtad son los más altos valores que debe tener cualquier militante.

Y su claridad de que la obligación del PRI como partido nacional y popular es encauzar y conducir las transformaciones que el país requiere, han sido y serán un ejemplo permanente.

Hace 25 años que milito en nuestro partido.

Cuando ingresé al PRI ya no éramos un partido hegemónico, ni teníamos las victorias aseguradas.

Como decía Luis Donaldo Colosio: fueron los tiempos en los que nos alcanzó la modernidad política. Cuando el partido dejó de dialogar sólo consigo mismo y con el gobierno.

Estos han sido años definitorios: hemos sabido ser gobierno eficiente, pero también hemos aprendido a ser oposición responsable, y hemos sido capaces de reinventarnos para competir y ganar en democracia.

Como ustedes viví los días aciagos de 1994, que nos llenaron de certidumbre y sacudieron nuestra confianza: en nosotros y en el futuro.

Pero supimos sacar fuerza de nuestra unidad y de nuestro propósito de triunfo para trascender ese momento.

El año 2000, nos obligó a entender que el Partido debía, una vez más, transformarse para reconquistar la confianza ciudadana.

No fue fácil pero lo hicimos: a partir de la representación popular y de nuestra fortaleza territorial.

Pertrechados con nuestros principios y con la visión de Estado que todos los priistas tenemos dentro, pudimos reconquistar la Presidencia, de la mano de un candidato cercano a la gente, fuera de serie que supo convocar a la mayoría de los mexicanos y nos hizo creer en un gran proyecto de Nación. Él es el presidente valiente, transformador y responsable: el Presidente Enrique Peña Nieto.

Durante estos 25 años, he compartido triunfos y derrotas. Igual que ustedes, y junto con muchos de ustedes, he vivido momentos difíciles y también muchas alegrías.

Como es natural en democracia, dejamos de gobernar, temporalmente, algunos territorios: pero nunca hemos dejado, ni vamos a dejar nuestra voluntad, y nuestra capacidad de seguir siendo el único partido verdaderamente nacional, el partido plural y popular, el partido mayoritario de México.

Hemos perdido algunas elecciones, pero no hemos perdido ni vamos a perder nuestra identidad, nuestra cohesión y nuestra unidad, que nos mantienen como el principal partido político del país.

Es por todo lo que he dicho, que el día de hoy no quiero hablarles, ni quiero que me vean sólo como su nueva Secretaria General, sino ante todo como su compañera.

Porque la expresión más elevada, más genuina y más valiosa del priismo no es la dirigencia: es la militancia.

Gracias a la confianza que me ha dado nuestro partido, he tenido el privilegio de representar nuestros valores, principios y visión desde el Congreso.

He tenido también el honor, de contribuir a la transformación de México, que ha impulsado el PRI, desde la Secretaría de Turismo y como Canciller de la República.

Pero también he tenido el orgullo de caminar de la mano de ustedes: desde la Fundación Colosio, desde mi sector, el sector popular; recorriendo el país, y de manera muy especial: recorriendo mi estado, el estado de Guerrero.

He caminado las calles haciendo campaña, pidiendo el voto y pidiendo la confianza de la gente: para muchos compañeros, para nuestro Partido.

Por eso conozco, valoro y les agradezco a cada uno de ustedes, y a toda la militancia del país, por su esfuerzo cotidiano.

Por ser la columna vertebral de nuestro instituto político, por ser quienes empeñan su palabra con sus vecinos y con sus amigos cuando les piden el respaldo para nuestros candidatos.

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Es la militancia la que, cuando terminan las campañas, recibe el agradecimiento de la gente, si las promesas se cumplen, pero también es quien recibe los reclamos, si no cumplimos; si por acción, por omisión o por conductas personales nuestros cuadros defraudan la confianza ciudadana y deshonran las expectativas del Partido.

Y pese a todo la militancia siempre está ahí: defendiendo, promoviendo, y fortaleciendo a nuestro partido.

Por eso, me comprometo a ser una Secretaria General cercana, que promueva la apertura y el contacto permanente con todos los sectores, liderazgos, cuadros y militantes.

No voy a ponerme delante de ustedes, y exigirles que me sigan: voy a estar a lado de ustedes, para invitarlos a que me acompañen.

 En esta ruta que emprendemos juntos, hay algo que quiero decirles con toda claridad; para que no quepa la menor duda: El PRI es un partido con vocación de poder, y estamos en pie de lucha. El PRI jamás va a pactar, negociar ni comerciar electoralmente. El PRI siempre compite para ganar.

Compañeras y compañeros:

Nuestros adversarios son los primeros en reconocer nuestra fuerza. No seamos nosotros quienes caigamos en la duda, el desaliento o el desánimo.

Desde la izquierda hasta la derecha, todos nuestros rivales saben que el PRI es el partido a vencer. A falta de ideología y de proyecto, han hecho del anti priismo, su única estrategia.

Somos el partido al que denuestan en público, pero al que envidian en privado: envidian nuestra disciplina, nuestra estructura, nuestra presencia territorial, y nuestra capacidad para mantenernos unidos

Somos su angustia constante y su obsesión permanente.

¿Y quiénes son nuestros adversarios?

La derecha mexicana dejó pasar su oportunidad histórica. Inexperimentada y confundida, primero quiso administrar la República como si fuera una empresa, y después la convirtió en un campo de guerra.

Ojalá hubiera una derecha inteligente contra la cual competir; pero lo que hay es una derecha aldeana, puritana, prejuiciosa y reaccionaria.

La izquierda, ahí donde ha gobernado perdió el rumbo, los principios, y su compromiso social. Si alguna vez tuvo autoridad moral, hoy apenas sobrevive, cada vez más debilitada, de manera clientelar.

Ojalá hubiera una izquierda moderna en México con la cual debatir, pero lo que vemos es una izquierda gris, tibia y enfrascada en sus pugnas internas.

¿Y qué decir del extremo populista? Dice que promueve el amor, pero utiliza el rencor para dividir, el miedo para polarizar y la mentira para confrontar a los mexicanos.

A sus propios integrantes, cuando demuestran la menor actitud crítica: los silencia, los censura y los desconoce.

Ese no es un partido que convoque a ciudadanos libres, es un movimiento autoritario y demagógico, que exige súbditos sumisos.

 Frente a ello, está el PRI: el partido popular, el partido liberal, el partido social y modernizador de México.

En el PRI, nuestro ideario se resume en dos compromisos: Democracia y Justicia Social. Esta es nuestra esencia y eso no lo vamos a cambiar.

Al mismo tiempo, el PRI es un partido revolucionario, y revolucionar significa reinventar, cuestionar y transformar. Porque somos revolucionarios, estamos dispuestos a cambiar lo que ya no sirva; pero porque somos institucionales, sabemos conservar lo que es valioso.

Por eso, debemos estar listos para renovarnos, para hacer una reflexión profunda, seria, incluyente y plural.

Se trata de una puesta al día, para que nuestro partido siga siendo el gran intermediario nacional, que convierta las causas ciudadanas, en políticas públicas efectivas.

Se trata no sólo de modificar nuestros documentos básicos, sino de replantear nuestras conductas: la reforma institucional debe ir acompañada de la revolución mental.

Por eso hoy es momento de reivindicar, no sólo lo que hemos construido por más de ocho décadas al servicio de México, sino también de reafirmar nuestra voluntad, para seguir siendo y construyendo el México del Siglo XXI.

Nuestro partido ya ha puesto el ejemplo: al idear, consensuar y llevar a la práctica una agenda transformadora, vanguardista y audaz, liderado por el presidente Enrique Peña Nieto que asumió los costos políticos temporales, para alcanzar los beneficios permanentes y de largo plazo.

Y ahora, debemos preguntarnos: ¿Cómo vamos a responder a la crisis de confianza ciudadana?

¿Cómo queremos que México se plante frente a un mundo en cambio vertiginoso?

¿Qué alternativas vamos a proponer para los jóvenes, que demandan ofertas de estudio más flexibles y mejor vinculadas con las necesidades del mercado laboral?

¿Qué vamos a ofertar a los paisanos que retornan a la Patria, o a quienes permanecen en el exterior y requieren de cercanía?

¿Qué les vamos a ofrecer a las mujeres, los campesinos, los emprendedores, los adultos mayores?

¿Cómo vamos a cerrar las innumerables brechas que dividen a los que tienen acceso a todas las oportunidades de desarrollo personal de quienes no tienen ningún acceso?En suma: ¿Cómo es el Partido que queremos en el Siglo XXI y cuáles son sus causas?

No anclemos pues nuestra legitimidad en los éxitos pasados: construyámosla sobre nuestras victorias futuras.

Atrevámonos a imaginar, cimentar y defender las nuevas causas que definirán al PRI en este siglo.

Yo creo en un partido seguro de sí mismo, de sus capacidades y de sus fortalezas: un partido que verdaderamente toma partido.

Yo creo en un partido que sabe ser autocrítico, sin dejar de ser institucional. Por eso, nuestra actividad partidista debe tener tres elementos: la solidaridad, la unidad y la congruencia.

Pero una solidaridad no entendida como acompañamiento moral, sino como un compromiso tangible, con nuestros compañeros de partido y con la gente.

La unidad entendida no como una consigna que esconde diferencias irreconciliables, sino como un ejercicio maduro de la vocación de conciliación, que se vuelve herramienta para transformar.

Y la congruencia, para no olvidar que toda nuestra actividad es para y por la gente, para y por el pueblo.

Yo creo en el PRI que es vanguardia en el empoderamiento de las mujeres. El PRI que predica con el ejemplo, que les abre espacios de decisión y de liderazgo a sus militantes mujeres.

Yo creo en el PRI que le da oportunidades a sus cuadros jóvenes: no para cumplir con una cuota, sino porque reconoce que ellos dominan las tecnologías, comprenden las nuevas ideas, y hablan el lenguaje de los grupos sociales, que nos permitirán ganar las próximas elecciones.

Yo creo en el PRI que apuesta por la formación ideológica y la capacitación de su militancia. Porque para pedirles a los ciudadanos que voten por nuestro proyecto, tenemos que saber explicarles en qué consiste, qué queremos y a dónde vamos.

Yo creo en un partido que sea cada vez más cercano, más sensible y más abierto a toda su militancia.

Sobre todo, el PRI por el que yo trabajaré con pasión, es el partido que nunca olvida sus orígenes populares.

Que cuando conquista el poder y ocupa los palacios legislativos, o los despachos ejecutivos, recuerda que se debe al pueblo, quien le dio su confianza en forma de voto, y a quien debe regresársela, en forma de buen gobierno.

Compañeros y compañeras:

Hoy, vivimos una crisis de credibilidad, de parte de los mexicanos en los partidos.

Para nuestro instituto político, ése debe ser el punto de partida; eso es lo que nos tiene que llevar a un nuevo consenso. Que nos permita salir a buscar, a construir o reconstruir la nueva confianza y el nuevo diálogo entre el Partido y la ciudadanía a la que nos debemos.

Pero para esto, el primer paso, el primer esfuerzo, nuestro primer compromiso debe ser interno: tenemos que creer en nosotros mismos, si queremos salir y convocar a los demás.

Porque hoy, las elecciones no se tratan sólo de ganar votos, sino de ganar confianza. Los debates no se ganan teniendo las consignas más estridentes, sino las propuestas más estructuradas.

Y si somos el partido de las causas, y si somos el partido de la pluralidad, y si somos el partido de los resultados: ahora es cuando tenemos que reivindicar esa vocación que nos vio nacer que hoy nos debe llevar a tener vigencia durante todo el Siglo XXI.

Vivimos tiempos que exigen definiciones claras. No hay espacio para la tibieza ideológica, para la pereza política, ni para el inmovilismo popular.

Estamos llamados a inspirar, a convencer, a darle razones a los ciudadanos, para que recuperen la confianza en nosotros, en la política como instrumento de cambio y de mejora social.

En esta tarea, ninguna contribución es demasiado pequeña y ningún esfuerzo es suficientemente grande.

Por eso hoy, ante ustedes, ante el priismo nacional, me comprometo a poner todas mis fuerzas, mi tiempo, mi dedicación y mi pasión, para hacer una política que no renuncia a los principios, sino que sabe cómo hacerlos valer en los hechos.

Ésa es la política que necesita México, ésa es la política que sabe y que sabe hacer nuestro partido.

La política ética, informada y con rumbo, la buena política de la que hablaba José Francisco Ruiz Massieu.

¡Qué viva el PRI!

Muchas gracias.

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